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Somos nosotros

Patricio Bonaventura

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Arranqué en el 2004 con el Supermotard Argentino, venía de otro palo, no de la moto, debo confesar, de a poco mi corazón se fue convirtiendo en más y más motero. Ya en aquellos días del Supermotard ví el esfuerzo de algunos pilotos que con esa infinita pasión llegaban con su Dunita y un trailer, dormían en el auto, con el mango justo pero que con una dignidad terrible se ponían el jersey o el mono, las botas, el casco y con la goma que le quedaban se ubicaban en su posición en la grilla de partida, orgullosos. Su acompañante, siempre un familiar, principal sponsor seguramente, el cual al verte llegar a la carpita siempre te convidaba con una gaseosa, empanada caserita o salame de su terruño querido. Nunca me sentí discriminado en ninguna de las categorías en las que trabajé y mire que me desempeñé en todas.

Mamé el esfuerzo, supe de sus carencias, aporte con lo que pude. Mi compromiso con todos ellos fue darles la difusión que se merecían en este ingrato país donde el futbol es Rey. Como Quijote en su lucha con los molinos de viento, empecinado hasta hoy en día, trato que el Argentino promedio sepa del Motociclismo local.

Pero como buen nieto de inmigrante italiano me hierve la sangre cuando al piloto se lo menosprecia o ningunea.

Cuando veo que otro piloto va a probar suerte a otros horizontes por distintas razones me duele un poquito ya que es resultado de, a veces, no ser premiado como corresponde por su labor en pista, sea la categoría que sea. Años hace ya que me duelen los oídos cuando escucho la queja de pilotos argumentando en contra de los flacos premios que reciben, a pesar de esto, el circo sigue. Cada vez más este medio publica novedades de pilotos que emigran a España, Brasil o EEUU.

Más bronca me dio un artículo publicado en un medio motor grande escrito por un periodista especializado, ambos por una cuestión de ética, mía obviamente permanecerán anónimos.

Xtreme 110

En él, se menciona a un piloto que hizo sus primeros pasos en una categoría escuela, la Xtreme 110, en la cuál tuve el orgullo de participar convocado por Tony Koubas y Rodrigo Huidobro, y que llego a ser campeón en la categoría R3 Cup.

La nota en cuestión

La Xtreme 110 tenía como virtud la de ser la oportunidad para muchos pilotos noveles de hacer sus primeras experiencias en el motociclismo de velocidad en pista con motos de 110 c.c., esas que se usan en la calle y con las que recibís los deliverys o mensajería. De ahí a llamarla categoría delivery hay un gran trecho. Es menospreciar a una categoría escuela que permitió llegar a las mayores a muchos pilotos. Me da verguenza ajena y mucha bronca porque sé del esfuerzo, no solo el físico, de sus creadores para organizar este campeonato para muchos. Fue una de las categorías que más aprecio le tuve.

Cuando digo que “Somos nosotros” significa que los responsables de darle difusión y relevancia a todas las categorías y a sus pilotos, apoyarlos, respetarlos, ayudarlos desde la posición que sea: periodistas, dirigentes, organizadores y público. Se necesita mucha pasión y dedicación para ser un piloto de motociclismo. Se lo debemos. Nos lo debemos.

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Opinión

Cuarenteneando.

Patricio Bonaventura

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Domingo de siesta, frio ideal para dormir, , cuarentena. Me resisto a caer en las manos de Morfeo. Miro la misma película, otra vez. Rescato algo en el final. En él, un joven y novel periodista, le hace una pregunta a su entrevistado: ¿Que es lo que te gusta de lo que hacés? A lo que su contraparte le contesta: “Para empezar…todo”. Quedate con esta respuesta.

La nostalgia me dispara muchas cosas:, lugares, amigos, pasión y placer. Si yo tuviera que responder esa pregunta diría lo mismo: “Para empezar…todo”. Me gusta todo de lo que hago. Soy un afortunado.

Siempre me gustaron los fierros aunque jugué otro deporte, llegué al motociclismo en el 2004 en Mercedes Corrientes, Supermotard Argentino y nunca más me fui.

“Para empezar, todo”: la gente, la pasión, la competencia, los pilotos, el folklore, mi Argentina. Antes del 2004 conocía Moscú y Washington pero no mi país.

Este deporte me dio muchas cosas, el reconocimiento de cuando haces las cosas bien, experiencias de vida únicas, de esas que forjan el temple, muchos más amigos, de esos con los que compartís un mate, un vino o una mesa. Amigos de distinto tipo como categorías tiene el motociclismo nacional. No es novedad que cada tipo de moto tiene su piloto y cada uno de ellos su personalidad y característica. Gracias a Dios me llevé bien con todos.

¿Y que extraño? “Para empezar…todo.”

En estas épocas de aislamiento y cuarentena en el que uno solo ve todo a través de una pantallita: carreras, gente, lugares y experiencias. La nostalgia hace valorar algo que no nos es extraño pero que a la vez extraña. Uno hace lo imposible para reemplazar esto. En vano es, por más barniz que apliques a mesas o estanterías, por más kilómetros estáticos que desandes sobre una bici fija, por más revoques que emparches, cursos que asistas en tu silla del escritorio, nada reemplaza al olor del 2t, al sol en la cara, amaneceres o atardereces en las rutas de mi querido país, bañarse en champagne del ganador tratando de fijar ese momento para los nietos, fotos únicas, picadas y asados regados por anécdotas de épicas carreras protagonizadas por aquellos que quizás ya no estan.

Los Abuelos de la Nada suena al lado de este teclado, mate calentito para templar ese chiflete de ventana que demanda burlete otro invierno más. Esta realidad que me o nos obliga a invernar para salir indemnes de esta pandemia. Todo esto no mitiga el sentimiento que nos alberga, el de volver. Esta columna, que es de opinión esta tarde fue de reflexión y conclusión. ¿Y a que conclusión llegué? Que vamos a volver más sanos y más inteligentes. Con la sabiduría de valorar lo que tenemos: salud, familia, amigos y motos.

¿Cuidarse para hacer que? “Para empezar…todo.”

Quedate en casa.

Texto: Pato Bonaventura

Fotos: Samy de la Torre, Euge Polero.

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¿Molestamos aca?

Patricio Bonaventura

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Si hay algo que predominó este fin de semana en Buenos Aires fue el calor. Si me dieran elegir en estos casos entre estar en zunga en una pileta, cerveza en mano, exhibiendo mi hercúleo físico reposando en dos flota-flota o ir a dos eventos relacionados con motos, el que suscribe, ¿qué elige uno? Obviamente los eventos motociclísticos.

¿Masoquista el tipo? No, ni cerca. Es el profesionalismo y pasión que tiene el que pertenece al medio periodístico especializado. Muchos de nosotros, casi sin apoyo económico que facilite su trabajo, poniendo a veces más de la cuenta para difundir proyectos nuevos que encara gente a pesar de las dificultades ya conocidas, nos acercamos a éstos y hacemos nuestro trabajo, difundimos o los promocionamos.

Pero al parecer que dicho esfuerzo no es reconocido o importante. A los hechos me remito.

Sábado. Interrumpo una visita a unos amigos de Monte Grande para ir al Galvez. La convocatoria, giros libres de Supermotard. Mi corazoncito late más fuerte cuando se menciona esta disciplina. Yo arranqué mi carrera estelar (ponele), haciendo fotos en el Supermotard Argentino. Aire acondicionado a full mediante, llego a eso de las 4 a la Catedral. La cita era a esa misma hora, viendo que no estaba listo nada, me junto con amigos, mate por medio se hace más llevadera la espera.

Convocados por la organización, dos de ellos se van a ayudar a armar el circuito donde se giraría (???). Se disponen los conos que delimitaban el mismo. Llamó mi atención la cercanía de una carpa donde estaba el sonido y una mesa de control de acceso a pista, dos estructuras fijas que en caso de despiste eran peligrosas.

Más tarde, de a uno, los interesados, previo pago de la inscripción incursionan en dicho circuito. Armo mi cámara y salgo a hacer unas imágenes. Me ubico en la horquilla, a por lo menos treinta metros de pista, en un lugar seguro, cerca de la carpa de sonido y de la leca que en caso de dispiste me protegía. Quiero aclarar que tengo una experiencia de 20 años en fotografía especializada de motociclismo. Habiendo hecho un par de fotos se me acerca el encargado de la organización para decirme que no podía estar ahí. La foto que ilustra este párrafo es tomada desde allí.

Obviamente le dije quien era, de mi experiencia, etc, pero sirvió para nada. Tuve que salir de pista. Consultado por amigos que había pasado, conté lo ocurrido y para mi sorpresa me enteré que la organización buscaba impresionar a la escasa asistencia diagramando el circuito para que los pilotos hicieran el típico derrape se Supermoto para la tribuna. Si necesitas esto, ¿para qué me sacas de pista pudiendo ayudar con la difusión de la actividad?

La organización planea dar cursos de Supermoto vaya a saber con qué instructor, no sabían como armar el circuito, tenían una gran inversión en camionetas ploteadas, carpas y motos preparadas para alquilar a potenciales alumnos pero andaban con cascos para bicicletas que no sirven  para andar en motos y no había nadie especializado o referente histórico para dar los cursos. Eran motociclistas, pero no parecían. 

Al final, decidí irme de ahí.  El organizador volvió justo cuando me iba para decirme que me había conseguido un chalecho verde para estar en pista pero me fui igual. No quería ser parte de esto.

Domingo. Tras varias amables invitaciones por parte de la gente de prensa de la Conam, pude ir al Super X Internacional. Obviamente calor, pienso otra vez en la pileta, la cerveza, la zunga, los flota-flota, ¿pensaban en alguna otra distinta condición de clima? Naaah.

Llego temprano al predio, como no conocía el circuito quería estar allí antes de que empiecen los entrenamientos. Todo bien, todo normal, me acredito. Los entrenamientos transcurrieron con normalidad. 

Llegaron las series y las finales. En la primera final, a diferencia de las series, unos fuegos artificiales iluminaron el partidor en la largada de la 250. Obviamente esto no lo sabía. En consecuencia, tomé los recaudos como para que no me pase lo mismo en la largada de la final de la 450. A punto de largarse la final, me acerco para hacer la toma, siento que me tiran de la remera. Claro, otra vez lo mismo de siempre, estaba en la línea de cámara de la tele. Vino otra persona, me empujó dos veces y me sacó del lugar. Aclaro, debido a un accidente automovilístico tengo la pierna derecha ma, con lo cuál los empujones casi me hacen caer las dos veces que me los hicieron, con la cámara en mano y en mi condición de discapacitado podría lastimarme o romper mi equipo.

Acá es cuando me equivoco yo, lo fui a buscar para pelearlo. Por suerte me frenaron sino le rompía la cámara por la cabeza. Eso sí, el muy cobarde al verme enojado huyo como rata por tirante. Igualmente la foto salio. Es esta.

 

No es gran cosa, pero la foto está. Ahora sí, después de este incidente me fui del evento.

Me fui porque evidentemente los fotógrafos molestamos para la tele, no somos colegas que venimos a trabajar como ellos, la arrogancia de los trabajadores de la televisión el tal, que me revuelve el estomago.

Todo esto es obviamente apañado por los organizadores de los eventos, que no hacen nada para que los fotógrafos podamos trabajar como corresponde. La prensa gráfica es considerada de segunda por mucha gente especialmente por la televisión. Tengo tanto derecho a trabajar, conseguir una toma interesante como cualquier otro trabajador de prensa, sea virtual, gráfico o televisivo. Trabajamos todos para la difusión de nuestro deporte pero de distinta manera, somos igual de importantes y merecemos el mismo respeto. No me quedo adonde no soy valorado o respetado por mi función y/o trayectoria.

¿ Se entendió? ¿Estoy bien aca? Si molesto, me voy.

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Pequeñas historias de vida.

Patricio Bonaventura

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Contrastes. Como la vida misma, llena de ellos. Aprender de ambos es la cosa más sabia e inteligente que podría uno hacer. Se aprende más de los momentos no tan buenos que de los buenos.

Roque Perez, Domingo, fecha Coronación del Superbike Bonaerense de la Febom. Calorrrrrrrrrrr. En pista ni un arbolito donde tomar algo y refrescarse. Calculo que habrá hecho unos treinta y largos a eso de las 3 de la tarde.

Lo importante no son los nombres, lo importante son las actitudes frente a distintas situaciones de carrera, la alegría y la adversidad, como la vida misma.

Una buena iniciativa que encontré este fin de semana es la gran cantidad de pilotos, semillero con futuro, que se animaron a correr. Distintas marcas de motos, todas baja cilindrada, escuela de futuro. Japonesas, Austriacas con acento Indio, Italianas de origen chino también.

La otra buena iniciativa es permitir jóvenes pilotos, muy jóvenes, 11 años, y de pilotos femeninos. ¿Está bien llamarlas pilotas? Estos son los dos casos a los que hago referencia.

Buscando un descanso, de la fatiga no del calor, de eso no se salva uno, me siento con mi lente 400 mm en una de esos neumáticos a la entrada a boxes a ver la carrera. Última vuelta de una de las categorías escuela, pasa el primero, se encuentra con el alegre aleteo de la de cuadros que recompensa el esfuerzo de él y equipo con una victoria. Sucesivamente llega el resto de los pilotos, entre ellos la chica piloto en cuestión.

Nuestro piloto debutante, de sólo 11 años repito, vaya a saber si se distrajo al ver la cuadriculada o qué, despista y cae en el pasto a metros de la línea de llegada. Gran bronca y desilusión del chico, qué, antes, había practicado con su mentor en la recta opuesta, partida detenida para poder aprovechar la largada.

Pateó, pataleó, manotazos al aire de bronca, presumo lágrimas de desilusión debajo de ese casco al sol arrasador de la tarde roqueperense. Al mismo tiempo, 4 muchachos le gritaban que levantara la moto y que terminara la carrera. Al mismo tiempo venían corriendo auxiliares de su equipo a analizar la situación. Estos auxiliares levantaron con el la moto, la arrancaron, subieron al novel piloto a la moto y obligaron a terminar la carrera, no importa la posición.

Entra a boxes la piloto, la espera sus amigos y equipo, gran algarabía ya que había hecho podio. Aplausos, besos al casco, gritos y felicitaciones. Gran merito de una chica en un medio puramente masculino. Premio a la determinación, coraje, no sólo por subirse a la moto sino que, no nos engañemos, el motociclismo deportivo es a veces hostil para las mujeres. Sin ir más lejos, el Viernes llegué a Buenos Aires de un viaje de chicas moteras que hicieron un relevo mundial para que el motociclismo las tenga en cuenta a ellas, por ejemplo, en la confección de indumentaria.

A todo esto, nuestro pilotito, llega a boxes y lo espera su equipo, lo baja de la moto, todo compungido él, llorando, desconsolado. Lo tratan de consolar, le dicen que las caídas también son parte de las carreras de motos, que hay que aprender de ellas. Como la vida misma.

Yo provengo de otro deporte, uno que se enorgullece de gritar a toda voz que es formador de carácter, escuela de vida, etc. Me enamoré del motociclismo a primera vista, allá lejos, en Charata, Chaco en mi primera carrera hace como 20 años, hace tiempo.

Estos son dos ejemplos de vida, el coraje indomable para llegar a lo más alto, con esfuerzo, con tenacidad, poniendo lo que dicen que las chicas no tienen, a veces les sobra. La del pilotito es casi lo mismo, a no darse por vencido ni aún caído. Sólo te puede vencer aquel que sea mejor que uno, pero hay que vender cara la derrota, terminar como sea lo que uno se proponga. Las categorías escuela son para eso, para formar en la vida, no solo en la competición.

Casos muy distintos con una lección de vida similar. Contraste parecidos. Como la vida. La vida misma.

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