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Opinión MotoGP: una piña en caliente que puede cambiarlo todo desde Brno

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Las dos victorias seguidas de Marc Márquez y el momento de locura que vivió Marco Bezzecchi el sábado de República Checa dieron un volantazo al curso del campeonato de MotoGP.

Aquello que hace dos semanas parecía casi sentenciado, hoy es completamente distinto, como si el guión de la corona 2026 se hubiera vuelto a escribir.

El mismo Marco Bezzecchi que lideró todas y cada una de las vueltas en los tres Grandes Premios iniciales (Tailandia, Brasil y Estados Unidos), entró en una espiral de locura y frustración que lo expone como el ‘chico malo de la película’ (cuando en realidad no lo es). Entre Hungría y República Checa sumó solo siete puntos: un derrumbe tan brusco como inexplicable.

La furia que explotó en la Sprint Race de Brno venía acumulándose desde la carrera de Balaton Park, cuando su compañero en Aprilia, Jorge Martín, lo saó de pista en la primera curva con aquel increíble ‘strike’. Desde entonces, todo se complicó: entrenamientos a medias, una moto que responde a su estilo, un cuerpo que también quedó tocado, y la sensación de ver cómo las Ducati oficiales le descuentan ventaja en el campeonato.

Ese derrumbe en la campaña 2026 de Bezzecchi coincidió con un inesperado renacimiento de Marc Márquez. Antes de Hungría estaba a 102 puntos del líder; ahora, a falta de 13 carreras, la diferencia es de apenas 40. El campeonato, de golpe, volvió a respirar.

El regreso de Márquez a su mejor nivel tiene algo de fenómeno sobrenatural. En Brno (un circuito que, en teoría, no lo favorecía) llegó agotado después de la Sprint Race, tercero detrás de Pecco Bagnaia y Ai Ogura. Todo indicaba que la carrera larga lo iba a desgastar. Y lo desgastó, pero no lo frenó.

Largó cuarto, cerró la primera vuelta como escolta de Bagnaia y se pegó a su rueda trasera. Cada vez que intentaba acercarse lo suficiente para intentar un sobrepaso, el neumático delantero se recalentaba. Pero llegó un punto en que decidió ignorar esa señal, contuvo la respiración y lo pasó en la curva 4, a cinco vueltas del final. Después, solo quedaba resistir el ataque de Ai Ogura, que venía lanzado.

Ganó, por segunda vez consecutiva y, cuando levantó la visera en la vuelta de honor, pocos notamos que el sufrimiento era evidente: físico y mental; total.

“Me falta fuerza, me falta músculo… pero lo compenso con otra parte del cuerpo”, explicó tras la carrera. “Desde que regresé después de la lesión, mi ritmo cardíaco en carrera es más alto que nunca, pero en casa es más bajo que nunca. Estoy compensando con otras partes del cuerpo lo que me falta en el brazo derecho”.

Pero lo más asombroso es lo que relató a continuación: “Hace un mes y medio estaba en un hospital, a más de cien puntos del líder. Hoy, no se cómo, pero estoy a cuarenta. Estamos en carrera”, agregó. Y lo dijo con esa mezcla de serenidad y amenaza que solo él maneja.

En Assen, un circuito que siempre le exige más de la cuenta, deberá resistir para luego desembarcar en Sachsenring, territorio amigo por excelencia. Después del receso de verano, promete “volver con fuerza”. Una sentencia, por sí sola, que debería inquietar a más de uno. Porque Márquez quizás este en un 85 o un 90% de su forma; y aun así ganó tres de las últimas cuatro carreras (un Sprint y dos Grandes Premios). Con él, lo extraordinario empieza a parecer rutina, y ese es el verdadero peligro que ven sus rivales.

Más adelante tocaremos el tema de Bezzecchi, la piña y una sanción que muchos consideraron exagerada. Ahora, les dejamos un par de cuestiones: ¿Volverá Aprilia en Assen? Es probable. ¿Recuerdan la persecución de Bezzecchi a Márquez del año pasado? Es un anticipo de lo que podríamos ver. ¿Tendrá Márquez dificultades? En teoría, sí: Assen es rápido, físico, implacable con el error.

No es un lugar para arriesgar cuando no se está al 100%. Aunque, pensándolo bien… se trata de Marc Márquez, ¿no?

TEXTO SERGIO CANCLINI

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